Madrid [2007-2020]

2 sept. 2020
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  • Estilo de vida
  • Please, don't code
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Nunca he entendido la frase esa de “De Madrid al Cielo”. Siendo sincero, el cielo de Madrid no tiene nada de especial pero todo puede ser culpa de la literalidad con la que entiendo las cosas. Madrid nunca me ha parecido especialmente bonita, la atención en hostelería puede ser desagradable, ni que decir tiene que una atención en ventanilla es sometida a toda la chulería castiza que un ser humano puede soportar. Los bocatas de calamares, lo siento muchísimo, no los hacen bien y, siendo andaluz, se nota que los desayunos en Madrid los hacen con poco cariño.

Pero ahora, ay, ahora me voy. Septiembre de 2020 y después de 13 años me voy de esta ciudad, divertida, rebosante de actividad y planes, con un tejido cultural para todos los gustos. Las cañas, las terrazas, conciertos, museos, encuentros, gente que se queda, gente que se va. Lavapiés.

Capital europea y sin embargo se hace fácil quedar con amigos sin planificar nada. ¡Madrid es espontánea! Ir a La Casa Encendida porque sí, las presentaciones de libros o cómics en la Fnac, fumarme un cigarrillo con Raúl Cimas o encontrar a Ernesto Sevilla rebuscando entre los cartones de un contenedor de reciclaje, escuchar como Nacho Vigalondo caga en la letrina contigua a la mía, películas de todo tipo en el Cine Doré y la pobre gente que entra cargada con las bolsas para echar la tarde, tardes alegres y tardes con miedo en Tabacalera, Nacho Vegas en Matadero, Stereolab en la Sala Sol, cuando pensé que había comprado una entrada para Ennio Morricone y resultó ser un timo. El hola y adiós a Carmena. Noches en el Nasti y en el Barco. Estudios de magia durante un año, boxeo durante varios con poco éxito y recientemente la carrera de Física por la UNED.

Alguien me dijo hace poco “Antes todo era cutre y fácil”, refiriéndose a cuando llegamos a Madrid y nos daba igual vivir en un piso cuyo sofá, sucio y lleno de roña, se clavaba en la espalda. Madrid me ha hecho la vida más compleja también me siento más realizado.

Me he intoxicado en un famoso restaurante chino con un enorme mural de los reyes de España a la entrada pero los restaurantes en Madrid es de lo que más voy a echar de menos: Mis bares de cabecera, sitios pequeños con comida barata pero creativa, vinos y hasta algunos Estrella Michelín que he ido visitando a lo largo de los años. Eso sí, por favor, acaben ya con esas horribles patatas congeladas ali-oli o bravas que ponen en algunos bares, hay que cambiar ciertas tradiciones. Y el café también pero esto es extensible a toda España.

Empecé en un cubículo tocando bases de datos masivas y acabo en mi casa trabajando en un entorno envidiable con Human Made. Lideré la primera WordCamp Madrid, celebramos un WordPress Day y estuve coorganizando la Meetup de WordPress Madrid que inició Félix (el que de verdad hacía el trabajo) para después conformarnos como un equipazo más grande con Mauricio, Carlos, Pablo Poveda, Pablo López, Carla, Álvaro, Fernando Tellado, Mónica y seguro que se me olvida gente (lo siento).

He hecho y deshecho muchos amigos a los que no necesito nombrar, entre otras cosas porque no creo que me lean, que para eso son amigos. Me casé y tuve un hijo de Madrid, de Lavapiés.

Y me voy por la puerta de atrás: Sin poder despedirme en condiciones (de seguridad) de la gente que he ido conociendo a lo largo de estos 13 años, gracias a la situación actual de pandemia, “gracias” a la COVID-19. Si llego a quedarme 2 años más, sería más madrileño que ceutí.

¿Adónde voy entonces? Pues una cosa positiva que me llevo. Dejo Madrid, sí, pero voy a ser lo que siempre quise ser…

GRANAÍNO